Un tal Napoleón decía: “Hay ladrones a los que no se castiga, pero que roban lo más preciado: el tiempo” Que razón tenía el tío este.
Últimamente me estoy dando cuenta de que a pesar de que siempre tengo tareas para hacer, como norma habitual me organizo bien el tiempo, aunque admito que todavía me permito algo de procrastinación
… y quizás debería mejorar mi asignación de prioridades, pero bueno, nadie es perfecto.
Hace más de 2 años que cumplo mi horario a rajatabla, entro a mi hora y salgo a mi hora salvo algún problema puntual que en la mayoría de las veces tiene poco de problema y se trata más de cubrir necesidades especiales puntualmente. La cosa ha cambiado mucho, ya que antes vivía en un continuo “problema puntual” que me robaba el bien más preciado.
Después de mucho tiempo extra dedicado, y muchísimo esfuerzo, he conseguido un índice de estabilidad en mis sistemas que antes no tenían ni de cerca (¡menudos marrones heredé cuando fiché por mi empresa!). De hecho hace un año y medio cuando comencé a avanzar en la estabilización de todo lo que petaba decidí empezar a medir la disponibilidad de los sistemas básicos que administro. Pensé que podía considerarlo como un buen indicador del éxito de mi actividad y ¡bingo!. Ahora, con el registro de incidencias que he llevado me doy cuenta de que el índice de disponibilidad de los sistemas durante el horario de la empresa ha sido de un 99%. Esto ha supuesto un ahorro enorme de tiempo que he podido dedicar a otras cosas que también han dado o están dando sus frutos.
Ahora no tengo “incendios”, la estabilidad es la norma habitual y con frecuencia me viene a la memoria una frase que leí hace tiempo no recuerdo donde y que me sirve para motivarme: “Es tan malo en su trabajo que necesita horas extras”. A mi me ha costado mucho tiempo y esfuerzo alcanzar esta situación pero no me cabe la menor duda, ha merecido la pena.
Creo que con esto en mente voy a reflexionar durante el verano sobre mis próximos pasos, aunque ya tengo algo en mente





